Anoche estuve pensando en ti. Hace mucho que no lo hacía. Tenía miedo a estancarme, a no dejarte ir, aunque supongo que nunca te he tenido y que te fueras es algo que no me correspondía a mí impedirte.
He roto la promesa que te hice. Lo siento. Pensar en ir a verte me da paníco. No se sí lo sabrás pero estuve meses soñando con una tumba que no encontraba, en un cemeterio que no conocía y con espíritus que me preguntaban por tí.
Estuve pensando en cómo eras, en lo poco que te conocía. Pensaba que iba a tener todo el tiempo del mundo para acercarme a ti, que nos veríamos de fiesta y me contarás cosas de tus novias, eso era algo que no te importaba mucho contar. Me invitarias a una copa y me contarías cómo te iba la vida. Es una ilusión, pero soy una ilusa y ese es mi aire.
Las cosas no han cambiado mucho desde que te fuiste. Todo es una injusticia pero eso ya lo habrás comprobado. El tiempo pasa muy deprisa y no sé como pararlo, como desaparecer en los momentos de angustia, donde esconderme para que nadie me vea. La verdad que siempre fuimos muy diferentes.
No sé ya qué sentir, solo sé que me consuela que ya no me duela, que pueda decir que eres uno más y no hablar en pasado de ti, siento que te olvido cuando lo hago.
"No me dejes que despierte de este sueño, aunque todo sea mentira" Antonio Orozco
domingo, 24 de febrero de 2008
lunes, 18 de febrero de 2008
A pie
Hoy ha comenzado la rutina, las clases han vuelto y yo con ellas. Solo me quedan cuatro meses para ver cumplidos mis sueños, cuatro interminables meses.
Fuera en la calle está lloviendo. Hay charcos en el suelo y los coches van más rápido de lo normal.
He cogido mi paraguas y he vuelto a casa andando. Me gusta venir a pie desde la facultad, la verdad que no está tan lejos y por el camino se me ocurren muchas cosas: pienso que picaré cuando llegue a casa, como estará mi perro que lleva toda la mañana solo, aunque lo que más pienso son situaciones inesperadas típicas de las películas americanas románticas, como un coche que se para y te lleva a casa, una pareja que se besa bajo la lluvia, un ejecutivo que por un momento se vuelve persona de a pie y ha olvidado su paraguas y se abriga con su gabardina marrón mientras corre a refugiarse para no parecer tan normal o mojado.
Otro de mis hobbies de paseante es inventarme la vida de las personas.
Hace un par de años, mientras esperaba sentada en la calle la hora de ir a clase, miraba a una mujer con aspecto desaliñado. Imginaba, por su cara de tristeza y resignación, que iba a un trabajo que no le gustaba, que tenía un marido que no la quería y que odiaba una vida que no deseaba haber tenido, haber acabado así: triste por la calle dirigiendose a un lugar que había elegido. De repente tenía ganas de andar, sonreía porque había decidido huir, cambiar de aires y no se sabe por cuanto tiempo aunque tampoco importaba mucho.
Fuera en la calle está lloviendo. Hay charcos en el suelo y los coches van más rápido de lo normal.
He cogido mi paraguas y he vuelto a casa andando. Me gusta venir a pie desde la facultad, la verdad que no está tan lejos y por el camino se me ocurren muchas cosas: pienso que picaré cuando llegue a casa, como estará mi perro que lleva toda la mañana solo, aunque lo que más pienso son situaciones inesperadas típicas de las películas americanas románticas, como un coche que se para y te lleva a casa, una pareja que se besa bajo la lluvia, un ejecutivo que por un momento se vuelve persona de a pie y ha olvidado su paraguas y se abriga con su gabardina marrón mientras corre a refugiarse para no parecer tan normal o mojado.
Otro de mis hobbies de paseante es inventarme la vida de las personas.
Hace un par de años, mientras esperaba sentada en la calle la hora de ir a clase, miraba a una mujer con aspecto desaliñado. Imginaba, por su cara de tristeza y resignación, que iba a un trabajo que no le gustaba, que tenía un marido que no la quería y que odiaba una vida que no deseaba haber tenido, haber acabado así: triste por la calle dirigiendose a un lugar que había elegido. De repente tenía ganas de andar, sonreía porque había decidido huir, cambiar de aires y no se sabe por cuanto tiempo aunque tampoco importaba mucho.
sábado, 16 de febrero de 2008
Sin sentido
Hoy escribo sin tener nada que decir, solo por consejo de una amiga (más bien fue un poco cabreo por descuidada) y porque en realidad siempre confio en mis manos y en su poder de decir lo que quiero sin tener que meditarlo antes, pensarlo, sentirlo o sufrirlo, un pequeño regalo de mis padres mezclado con las musas de Serrat.
Miles de ideas rondan mi mente sin que sea capaz de darles forma. En realidad, son ideas sin sentido, dando vueltas en círculo sin tener una escapatoria, sin ver la luz, sin voz para gritar.
En la calle el cielo está nublado, pero no hace frío o yo no lo siento. He bajado con le perro para ver que me decía él. Miraba a un lado y a otro intentando protegerle de los coches, pero era yo la única que tenía miedo.
Miedo. Curioso sentimiento. Es como una pequeña agonía que aflora en determinados momentos. En mi caso es algo habitual: miedo a no terminar la carrera, miedo a no ser quién espera que sea, miedo a defraudarme, a defraudar a otros, miedo a una llamada con malas noticias, al olvido, a olvidar o que me olviden, a un destino que no me merezco o que tal vez sí pero que no quiero... A llamar o que me llamen y a que esto no tenga mucho sentido.
Cuando uno es pequeño no tiene miedo a nada. No lucha por nada y no tiene miedo a perderlo o si lucha pero no es consciente de ello. De pequeño todo es mejor y lo que queremos es crecer y crecer. Tal vez por eso lea Peter Pan siempre que puedo o que piense en él, en Peter. Pensadlo: un niño solo en una isla perdida con un capital y su espada con ganas de matarle, pero él no tenía miedo, no tenía nada que perder, o sí pero merecía la pena. Claro que él podía volar, el tenía un hada para protegerle, tenía a sus Niños Perdidos, tenía... la ignorancia propia de un niño pequeño, que vive sin saber qué es la muerte, qué es el futuro y qué es el miedo.
Qué bonita es la ignorancia.
Miles de ideas rondan mi mente sin que sea capaz de darles forma. En realidad, son ideas sin sentido, dando vueltas en círculo sin tener una escapatoria, sin ver la luz, sin voz para gritar.
En la calle el cielo está nublado, pero no hace frío o yo no lo siento. He bajado con le perro para ver que me decía él. Miraba a un lado y a otro intentando protegerle de los coches, pero era yo la única que tenía miedo.
Miedo. Curioso sentimiento. Es como una pequeña agonía que aflora en determinados momentos. En mi caso es algo habitual: miedo a no terminar la carrera, miedo a no ser quién espera que sea, miedo a defraudarme, a defraudar a otros, miedo a una llamada con malas noticias, al olvido, a olvidar o que me olviden, a un destino que no me merezco o que tal vez sí pero que no quiero... A llamar o que me llamen y a que esto no tenga mucho sentido.
Cuando uno es pequeño no tiene miedo a nada. No lucha por nada y no tiene miedo a perderlo o si lucha pero no es consciente de ello. De pequeño todo es mejor y lo que queremos es crecer y crecer. Tal vez por eso lea Peter Pan siempre que puedo o que piense en él, en Peter. Pensadlo: un niño solo en una isla perdida con un capital y su espada con ganas de matarle, pero él no tenía miedo, no tenía nada que perder, o sí pero merecía la pena. Claro que él podía volar, el tenía un hada para protegerle, tenía a sus Niños Perdidos, tenía... la ignorancia propia de un niño pequeño, que vive sin saber qué es la muerte, qué es el futuro y qué es el miedo.
Qué bonita es la ignorancia.
viernes, 15 de febrero de 2008
Tu cara
Tu cara me recuerda a la de aquel que no pude tener. Quizás por eso te quiero.
Recuerdos que viajan por mi mente como subidos en las olas. Surfean y me golpean con tu imagen una y otra vez de forma violenta.
A veces no de da tiempo a apartarme y me hundo en ellos.
Recuerdo cosas que existieron y otras que no lo hicieron, que era solo aquello que yo queria ver o sentir.
Te quiero porque eres él o porque quiero verle a él en ti, ya no lo sé. Te quiero porque él no me conoce y me ignora. Eso es lo que quiero de él y lo que tienes de mí.
Recuerdos que me violan de noche al venir cuando yo no los llamo. Luego la violación se hace consentida y hago el amor con ellos. Ellos eres tú; suave y despacio, dulce y pecaminoso. Luego te marchas y me dejas vacía se me olvida tu olvido y despierto de mi letargo sola, ofuscada y con la cama vacía.
Cruel despertar, cruel mañana, cruel recuerdo.
Recuerdos que viajan por mi mente como subidos en las olas. Surfean y me golpean con tu imagen una y otra vez de forma violenta.
A veces no de da tiempo a apartarme y me hundo en ellos.
Recuerdo cosas que existieron y otras que no lo hicieron, que era solo aquello que yo queria ver o sentir.
Te quiero porque eres él o porque quiero verle a él en ti, ya no lo sé. Te quiero porque él no me conoce y me ignora. Eso es lo que quiero de él y lo que tienes de mí.
Recuerdos que me violan de noche al venir cuando yo no los llamo. Luego la violación se hace consentida y hago el amor con ellos. Ellos eres tú; suave y despacio, dulce y pecaminoso. Luego te marchas y me dejas vacía se me olvida tu olvido y despierto de mi letargo sola, ofuscada y con la cama vacía.
Cruel despertar, cruel mañana, cruel recuerdo.
jueves, 14 de febrero de 2008
Instantes
Si pudiera vivr nuevamente mi vida
en la próxima trataría de cometer menos errores
no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho, tomaría muy pocas cosas con sinceridad.
Sería menos higienico, correrias más riesgos,
haría más viajes, comtemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendria mas problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolificamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegria
pero si pudiera volver atras trataria de
tener solamente buenos momentos;
por si no lo sabes, de eso esta hecha la vida,
solo de momentos
No te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna
parte sin su termometro, una bolsa de agua caliente
un paraguas y un paracaidas;
si pudiera volver a vivir, viajaria mas liviano.
Si pudiera volver a vivir, comenzaria a andar descalzo
a principios de la primavera y seguiria asi hasta
concluir el otoño.
Daria mas vueltas en calesita, contemplaria mas
amaneceres y jugaria con mas niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo.
Jorge Luis Borges
en la próxima trataría de cometer menos errores
no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho, tomaría muy pocas cosas con sinceridad.
Sería menos higienico, correrias más riesgos,
haría más viajes, comtemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendria mas problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolificamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegria
pero si pudiera volver atras trataria de
tener solamente buenos momentos;
por si no lo sabes, de eso esta hecha la vida,
solo de momentos
No te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna
parte sin su termometro, una bolsa de agua caliente
un paraguas y un paracaidas;
si pudiera volver a vivir, viajaria mas liviano.
Si pudiera volver a vivir, comenzaria a andar descalzo
a principios de la primavera y seguiria asi hasta
concluir el otoño.
Daria mas vueltas en calesita, contemplaria mas
amaneceres y jugaria con mas niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo.
Jorge Luis Borges
jueves, 20 de septiembre de 2007
Te recuerdo.
Hoy he cerrado los ojos y la he recordado. Llevaba el pelo recién peinado de peluquería y una mandil, su eterno mandil. Salia de la cocina para saludarnos, sonreía con dulzura y nos besaba con amor, con el amor que solo ella sabía que sentía por nosotros y que ahora ya no recuerda.
Siempre ha sido una mujer coqueta, a pesar de sus limitaciones, sacaba fuerzas de flaqueza, ¿flaquezas?, dudo mucho que ella conociera esa palabra. Me gusta pensar que fue feliz, que, aunque la vida no le hubiera dado la mano, ella se agarro a su manga y siguió firme sus pasos a un destino que no se merecía.
Muchos le han dado de lado incluso antes de que ella tuviera la suerte de olvidar que existieron y en su tumba echarán sus alas a volar para buitrear ante un animal que no tiene apenas carne que comer.
Yo la recuerdo, a veces, en los ojos de mi madre cuando lucha por algo que ella sabe no tiene solución, la veo en mi hermana cuando se agarra a la vida, huyendo de un destino que no quiere tener.
Sentada en una silla de plástico blanco en el salón de mi casa, de su casa, su voz se alza enmudeciendo a las balas de una pistola en la televisón. Ojala volviera a sentarse allí y a hacer que todos callásemos ante sus palabras. Ojala también la vean a ella a través de mi. Ojala estuviera aquí.
Siempre ha sido una mujer coqueta, a pesar de sus limitaciones, sacaba fuerzas de flaqueza, ¿flaquezas?, dudo mucho que ella conociera esa palabra. Me gusta pensar que fue feliz, que, aunque la vida no le hubiera dado la mano, ella se agarro a su manga y siguió firme sus pasos a un destino que no se merecía.
Muchos le han dado de lado incluso antes de que ella tuviera la suerte de olvidar que existieron y en su tumba echarán sus alas a volar para buitrear ante un animal que no tiene apenas carne que comer.
Yo la recuerdo, a veces, en los ojos de mi madre cuando lucha por algo que ella sabe no tiene solución, la veo en mi hermana cuando se agarra a la vida, huyendo de un destino que no quiere tener.
Sentada en una silla de plástico blanco en el salón de mi casa, de su casa, su voz se alza enmudeciendo a las balas de una pistola en la televisón. Ojala volviera a sentarse allí y a hacer que todos callásemos ante sus palabras. Ojala también la vean a ella a través de mi. Ojala estuviera aquí.
martes, 11 de septiembre de 2007
Pienso en aquel sitio.
Hoy cierro los ojos y me imagino de vuelta allí. Es cierto lo que dicen:" aquí la playa es lo más importante, es donde más se piensa en ella". Imagino que camino por el paseo marítimo, solitario por el frío, que me animo y me lanzo a la arena con los pies descalzos. El aire me da en las mejillas y bajo la cara, pensativa por un lado por obligación por otra. No suele haber nadie a mi alrededor y la tarde empieza a nublarse. Veo como el mar enfurece y las olas se abalanzan a la orilla para salir de su furia, pero siempre vuelven adentro, en el fondo tienen miedo de estar en tierra.
A menudo se sueña con aquello que no se tiene, es una fea costumbre. Yo solía soñar con París, mas bien era mi pequeña obsesión, pero el mar y yo no somos tan distintos: él se aleja de la costa y yo me quedo en casa. Como si de una prisión se tratara las calles se van haciendo mas y mas largas, andas y andas pero el final nunca llega. Cada carretera tiene mas curvas que te hacen retroceder o pararte a vomitar, es un complot contra aquel que desea alejarse de su tierra, son las raíces solidas que se agarran con fuerza, los cimientos de una casa que no se demuele con la lluvia feroz.
Mientras yo cerrare los ojos en días de lluvia y soñare con la playa, con París con salir de mí misma, de mi propia cárcel, de mi propio torreón.
A menudo se sueña con aquello que no se tiene, es una fea costumbre. Yo solía soñar con París, mas bien era mi pequeña obsesión, pero el mar y yo no somos tan distintos: él se aleja de la costa y yo me quedo en casa. Como si de una prisión se tratara las calles se van haciendo mas y mas largas, andas y andas pero el final nunca llega. Cada carretera tiene mas curvas que te hacen retroceder o pararte a vomitar, es un complot contra aquel que desea alejarse de su tierra, son las raíces solidas que se agarran con fuerza, los cimientos de una casa que no se demuele con la lluvia feroz.
Mientras yo cerrare los ojos en días de lluvia y soñare con la playa, con París con salir de mí misma, de mi propia cárcel, de mi propio torreón.
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