A menudo, estiras la mano y crees tocar el cielo. Te agachas en un arroyo e intentas atrapar el agua, cogerla y enseñar tu triunfo. Te tiras en un parque y respiras hondo, como intentado adivinar el olor del aire. Pero no sabes que te equivocas, que nada de esto podrás conseguir, que te engañas como tantas veces haces con cosas de la vida cotidiana.
Crees que educas, que enseñas con tus vivencias y no sabes que a quien hay que enseñar es a ti. Porque un día la luz te atravesara no significa que la poseas, que la tengas guardada en un bolsillo del pantalón.
Tampoco yo soy maestra, palabra que, subestimada, se refiere a quienes poseen el saber, el poder y el arte de mostrar, de hacerte pensar, más que contar, te guía.
No repitas lo que ves, cree tu propio criterio. No plagies la realidad de los demás porque no hay comparación de vidas, no hay color.
Piensa antes de hacer, antes de escribir, antes de sentir quimeras en las nubes y no busques excusas, lo que ves es lo que hay.
"No me dejes que despierte de este sueño, aunque todo sea mentira" Antonio Orozco
martes, 27 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Y él...
¿Y él se acordará? ¿Pensará, en la soledad de su salita al final del pasillo, en el último día que la besó y su beso fue correspondido? ¿En aquellas noches de infinito amor en el que sus cuerpos se unían y el sexo dejaba de ser solo placer para ser una muestra más del amor que se tenían? ¿Aquellos momentos de abrazos desnudos en la cama, esperando que llegara el día, sin ganas de que la luna se ocultase?
¿Los paseos de la mano? ¿Las miradas furtivas de sillón a sillón, mientras las sonrisas se dibujaban tranquilas en sus rostros de ancianos que han tenido una vida dura, llena de felicidad?
¿Pensará en el suave susurro del viento que recorria peregrino los milimetros previos al contacto de las caricias?
¿Recorrerá su mente su cuerpo expuesto al sol, en alguna de las playas, en alguno de sus viajes? ¿Volverá su mente a posarse en sus manos fuertes, mientras martilleaban el cristal de la mesa, incesantes y nervisas?
¿Olerá su perfume entre las sábanas? ¿Buscará el tacto entre su ropa? ¿Sentirá el abrazo de consuelo entre su propio abrazo? ¿Oirá la voz, la risa, la canción que emanaba de entre sus labios?
¿La extrañará tanto que el dolor le supere? ¿Llorará aún?
¿Los paseos de la mano? ¿Las miradas furtivas de sillón a sillón, mientras las sonrisas se dibujaban tranquilas en sus rostros de ancianos que han tenido una vida dura, llena de felicidad?
¿Pensará en el suave susurro del viento que recorria peregrino los milimetros previos al contacto de las caricias?
¿Recorrerá su mente su cuerpo expuesto al sol, en alguna de las playas, en alguno de sus viajes? ¿Volverá su mente a posarse en sus manos fuertes, mientras martilleaban el cristal de la mesa, incesantes y nervisas?
¿Olerá su perfume entre las sábanas? ¿Buscará el tacto entre su ropa? ¿Sentirá el abrazo de consuelo entre su propio abrazo? ¿Oirá la voz, la risa, la canción que emanaba de entre sus labios?
¿La extrañará tanto que el dolor le supere? ¿Llorará aún?
jueves, 18 de marzo de 2010
Hoy estoy un poco nerviosa. El corazón late con más fuerza, más deprisa. Cuando estoy nerviosa sonrío, para que no se note, o solamente porque es un reflejo del propio nerviosismo.
Por las noches, sueño cosas extrañas que de día parecen tener un sentido, sin sentido. Un ir y venir de imágenes que ocurrieron una mañana, pero que no sé por qué recuerdo. Puede que ellas mismas se hayan revelado en mi mente, en su día no les dí mayor importancia y hoy vuelven a mí para reivindicar un momento en mi vida.
Suena una canción que me recuerda a Cádiz y me relajo. Huelo la sal, la humedad del ambiente, las calles que esconden un secreto para mí, tan secreto que aún ni siquiera yo conozco. Vuelven como un tesoro a mi cabeza, y mi sonrisa nerviosa, se vuelve una de satisfacción.
Esta noche es una noche importante. Importante porque es una noche de despedida, el final de una etapa. La última noche que tenemos para soñar y la primera de la vida adulta.
Hay una lista de decepciones, una lista que yo misma he configurado:
1.- El darse cuenta que la vida se termina, que no somos inmortales. La muerte en sí es una decepción, el golpe más duro que puede tener una persona.
2.- Descubrir que no hay nada más allá de la vida. Que todo por lo que se pasa mientras que estamos vivos no tiene sentido, es solo dolor por dolor.
3.- (Y esta es la que hoy me ocupa) Renunciar a los sueños.
Por eso hoy, esta noche es la noche más importante, la última en la que el sueño tiene fuerza. Un día se sacrificaron por mí, y a partir de ahora yo lo haré por ellos.
Pero a escondidas, cuando nadie lo vea, podré oler la sal y sentir la humedad y la arena bajo mis pies mientras me digo entre susurros: "lo vamos a conseguir"
Por las noches, sueño cosas extrañas que de día parecen tener un sentido, sin sentido. Un ir y venir de imágenes que ocurrieron una mañana, pero que no sé por qué recuerdo. Puede que ellas mismas se hayan revelado en mi mente, en su día no les dí mayor importancia y hoy vuelven a mí para reivindicar un momento en mi vida.
Suena una canción que me recuerda a Cádiz y me relajo. Huelo la sal, la humedad del ambiente, las calles que esconden un secreto para mí, tan secreto que aún ni siquiera yo conozco. Vuelven como un tesoro a mi cabeza, y mi sonrisa nerviosa, se vuelve una de satisfacción.
Esta noche es una noche importante. Importante porque es una noche de despedida, el final de una etapa. La última noche que tenemos para soñar y la primera de la vida adulta.
Hay una lista de decepciones, una lista que yo misma he configurado:
1.- El darse cuenta que la vida se termina, que no somos inmortales. La muerte en sí es una decepción, el golpe más duro que puede tener una persona.
2.- Descubrir que no hay nada más allá de la vida. Que todo por lo que se pasa mientras que estamos vivos no tiene sentido, es solo dolor por dolor.
3.- (Y esta es la que hoy me ocupa) Renunciar a los sueños.
Por eso hoy, esta noche es la noche más importante, la última en la que el sueño tiene fuerza. Un día se sacrificaron por mí, y a partir de ahora yo lo haré por ellos.
Pero a escondidas, cuando nadie lo vea, podré oler la sal y sentir la humedad y la arena bajo mis pies mientras me digo entre susurros: "lo vamos a conseguir"
lunes, 8 de febrero de 2010
La suerte llama a la suerte.
Y esque la suerte llama a la suerte. Y a veces la fuerza de un sueño es capaz de adquirir la presencia de una vida. Y conduzco por la carretera cada vez a más velocidad, carretera que conozco y me da la seguridad de poder pisar un poco más el acelerador.
Y las mañanas nubladas, se vuelven soleadas tardes para volver a nublar el cielo de noche. Como un amago de algo que viene o no o no se sabe bien por dónde.
Y las tardes en casa siempre son la prolongación de unas manos en un teclado inventando nuevas historias que no importa que nadie encuentre en un divagar de aburridos clicks.
Y suena un golpe y miro por mi ventana, parece que no hay nadie herido, solo ha sido una ilusión acustica ¿de dónde habrá salido?
Y vuelvo al comedor y me siento en el sofá. Y me levanto y me vuelvo a sentar. Suena el teléfono, tengo ganas de hablar y lo cojo. En ocasiones, no descuelgo, número desconocido "no me interesa", mejor ni malgastarnos el tiempo.
Tiempo que pasa y que no atesoramos. No sé en qué, entre ruidos y sonidos y pensamientos que vuelan y aterrizan y que no sabemos donde se van a esconder cuando luego los olvidamos, el tiempo corre.
Tal vez se apile en la suerte que usamos para llamar a la suerte y que se cumpla todo aquello que pedimos a los pies de una estatua que siempre me da esperanzas en épocas que hay falta.
Y las mañanas nubladas, se vuelven soleadas tardes para volver a nublar el cielo de noche. Como un amago de algo que viene o no o no se sabe bien por dónde.
Y las tardes en casa siempre son la prolongación de unas manos en un teclado inventando nuevas historias que no importa que nadie encuentre en un divagar de aburridos clicks.
Y suena un golpe y miro por mi ventana, parece que no hay nadie herido, solo ha sido una ilusión acustica ¿de dónde habrá salido?
Y vuelvo al comedor y me siento en el sofá. Y me levanto y me vuelvo a sentar. Suena el teléfono, tengo ganas de hablar y lo cojo. En ocasiones, no descuelgo, número desconocido "no me interesa", mejor ni malgastarnos el tiempo.
Tiempo que pasa y que no atesoramos. No sé en qué, entre ruidos y sonidos y pensamientos que vuelan y aterrizan y que no sabemos donde se van a esconder cuando luego los olvidamos, el tiempo corre.
Tal vez se apile en la suerte que usamos para llamar a la suerte y que se cumpla todo aquello que pedimos a los pies de una estatua que siempre me da esperanzas en épocas que hay falta.
jueves, 21 de enero de 2010
El adios que necesito
Querido alguien:
Te escribo para despedirme de él, para decirle adios y que alguien lo escuche, que me recuerde que se fue y que no va a volver.
Te escribo para contarte lo feliz que fui y lo feliz que seré una vez que lo deje marchar. Para contarte lo feliz que es él ahora que está sin mí.
Siempre lo he querido, eso es algo que no puedo ocultar, desde el primer momento y la primera mirada. Un sueño que adquirió la presencia de una realidad en un salón.
Siempre lo querré, es mi realidad, la que todos saben, la que no puedo negar ni quiero negar.
Las cosas son lo que son, una frase sencilla, obvia, que a veces nos negamos a admitir y a recordar en momentos de cabezonería, cuando el corazón grita demasiado fuerte para oir ruidos de afuera.
Será mi niño, mi pequeño secreto bajo una gorra negra. Lo seguiré teniendo conmigo. Oiré su voz entre letras de Albertucho y lo veré oculto en la figura del Che.
La vida perderá intriga, intriga que yo crearé mientras resurjo y me invento, mientras busco mi arcoiris, mi propia felicidad, la que ahora tiene él.
Este es un adios que necesito: ir cerrando puertas que la corriente me resfría. El primer adiós que permito, nunca me gustó perder a las personas que quiero.
Tan solo es el principio del resto de una vida que quiero vivir sin lastre y sin mochilas con sobrecarga.
Te escribo para despedirme de él, para decirle adios y que alguien lo escuche, que me recuerde que se fue y que no va a volver.
Te escribo para contarte lo feliz que fui y lo feliz que seré una vez que lo deje marchar. Para contarte lo feliz que es él ahora que está sin mí.
Siempre lo he querido, eso es algo que no puedo ocultar, desde el primer momento y la primera mirada. Un sueño que adquirió la presencia de una realidad en un salón.
Siempre lo querré, es mi realidad, la que todos saben, la que no puedo negar ni quiero negar.
Las cosas son lo que son, una frase sencilla, obvia, que a veces nos negamos a admitir y a recordar en momentos de cabezonería, cuando el corazón grita demasiado fuerte para oir ruidos de afuera.
Será mi niño, mi pequeño secreto bajo una gorra negra. Lo seguiré teniendo conmigo. Oiré su voz entre letras de Albertucho y lo veré oculto en la figura del Che.
La vida perderá intriga, intriga que yo crearé mientras resurjo y me invento, mientras busco mi arcoiris, mi propia felicidad, la que ahora tiene él.
Este es un adios que necesito: ir cerrando puertas que la corriente me resfría. El primer adiós que permito, nunca me gustó perder a las personas que quiero.
Tan solo es el principio del resto de una vida que quiero vivir sin lastre y sin mochilas con sobrecarga.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Balance de un año que se va
Y haciendo balance de un año que se va, doy gracias a la vida por estar viva. Hoy que la soledad de mi salón me reconforta (cada vez más y sin saber por qué) me acuerdo de este año lleno de aventuras, de subidas y bajadas, grandes springs de final de carrera en el que un día más hubiera significado la muerte. Un año de emociones, de logros y derrotas, de gente nueva que viene y gente de siempre que se va. De mi abuela que me deja sola con la promesa de un arcoiris para poder sonreir y una sobrina que nace y nos ayuda a hacer planes. De mis primos, siempre juntos, de mi nuevo cuñado y mi hermana feliz, de mis padres otro año más juntos y conmigo, apoyandome y discutiendo siempre por mí. De mis ojos que lloran. De amores que me dejan un mal sabor de boca, un daño difícil de reparar. De sueños raros en las noches, confusos de descifrar y alentadores amaneceres con la promesa de un nuevo día.
Un año que se va y grita que no va volver, irremediable circular de una vida que, por mucho que lo intenten explicar, siempre va en una sola dirección.
Un año en un cuaderno verde, de caídas y levantadas y caídas y levantadas, luchar por seguir otro año más.
Ganas de tirarlo todo, romper cuadros, jarrones, gritar, dejar que mi locura se vea reflejada en una rabia que desea salir por todos mis poros, poder hablar sin decir nada y que alguien me entienda, que entiendan que no me gusta lo que hay, que necesito algo que no se siquiera que me falta.
Nunca prometo nada al proximo año, las aventuras vienen solas y solas se van, dejar que respirar sea toda una meta, un objetivo, un fin en sí mismo, sin esperar y sin dejar de ilusionarse.
Un año que se va y grita que no va volver, irremediable circular de una vida que, por mucho que lo intenten explicar, siempre va en una sola dirección.
Un año en un cuaderno verde, de caídas y levantadas y caídas y levantadas, luchar por seguir otro año más.
Ganas de tirarlo todo, romper cuadros, jarrones, gritar, dejar que mi locura se vea reflejada en una rabia que desea salir por todos mis poros, poder hablar sin decir nada y que alguien me entienda, que entiendan que no me gusta lo que hay, que necesito algo que no se siquiera que me falta.
Nunca prometo nada al proximo año, las aventuras vienen solas y solas se van, dejar que respirar sea toda una meta, un objetivo, un fin en sí mismo, sin esperar y sin dejar de ilusionarse.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Crónica de una locura anunciada
Sentada en un asiento de autobús. La frente pegada al cristal frío de la ventanilla. No habla con nadie, se marea cuando no es ella la que conduce. Tampoco mira a nada en concreto, ya que sus ojos crean el vacío cuando los posa en algún lugar.
Es la crónica de una locura anunciada, el agujero negro de una cloaca de sentimientos sin usar, un juguete roto, en realidad, de la niña que un día fue.
"Nada te hace feliz, no te sientes bien con nada de lo que te pasa. ¿No te das cuenta? ¿Cómo crees que nos sentimos los que estamos a tu alrededor?"
Una vida sin usar, aún por estrenar que le recuerda, a pesar de los ateos, a una historia de la Biblia: un señor y sus talentos.
De nada vale ya llorar, ya no hay palabras de ánimo que hagan sombra en un cuaderno, solución B, no importa la gente nueva, los amigos de siempre, la familia que está y un pequeño milagro que sonríe cuando se acercan los ojos vacíos. Milagro que quisiera tener más cerca cada día, contagiandome de su vida a estrenar y empezando a usarla juntas. Pero no, dime con quien andas y te diré quién eres, su vida aún sin contaminar.
Y todo parece herirla una vez más. Un recuerdo, una palabra, una oportunidad...
Entre las sombras de una lámpara que cada vez se enciende más temprano, saldrá una fuerza, un grito de esperanza. Aún tiene una vida por soñar y un sueño que vivir, siempre nos quedará la salida de emergencia.
Es la crónica de una locura anunciada, el agujero negro de una cloaca de sentimientos sin usar, un juguete roto, en realidad, de la niña que un día fue.
"Nada te hace feliz, no te sientes bien con nada de lo que te pasa. ¿No te das cuenta? ¿Cómo crees que nos sentimos los que estamos a tu alrededor?"
Una vida sin usar, aún por estrenar que le recuerda, a pesar de los ateos, a una historia de la Biblia: un señor y sus talentos.
De nada vale ya llorar, ya no hay palabras de ánimo que hagan sombra en un cuaderno, solución B, no importa la gente nueva, los amigos de siempre, la familia que está y un pequeño milagro que sonríe cuando se acercan los ojos vacíos. Milagro que quisiera tener más cerca cada día, contagiandome de su vida a estrenar y empezando a usarla juntas. Pero no, dime con quien andas y te diré quién eres, su vida aún sin contaminar.
Y todo parece herirla una vez más. Un recuerdo, una palabra, una oportunidad...
Entre las sombras de una lámpara que cada vez se enciende más temprano, saldrá una fuerza, un grito de esperanza. Aún tiene una vida por soñar y un sueño que vivir, siempre nos quedará la salida de emergencia.
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